El enamorado idealiza al ser amado de tal forma que pareciera "cubrir" cualquier falta, todos los menesteres desaparecen ante tal divinidad y es justo en esta parte donde te das cuenta que en lo real no hay nada de eso y la fantasía es tan placentera que compulsivamente la repites hasta que te destruye simbólicamente en cada ocasión del encuentro con el otro, pero no importa, el amor es tan simple, cotidiano y gozoso que nos encanta construirnos, destruirnos, reconstruirnos y buscamos lo necesario para justificar nuestros andares aún ante la posible aniquilación, aún ante la total iluminación de nuestro ser, pues nada nos hace conocernos tan a fondo como la destructiva forma en que nos arma el amor...
... y es que escucharte me embelesa, me deleitan vuestros discursos, ya es de por sí muy placentero estar contigo y en cuanto dialogamos me regocijo al saber que nos entendemos, que podemos profundizar en todas nuestras letras y que podemos reír de cualquier banalidad disponible en este mundo lleno de ellas... y es tan estimulantemente que me incitas, me provocas la piel y se eriza buscándote aún sin que la toques; me provocas las manos que se llenan de caricias dispuestas para ti, todas ellas te buscan y mis dedos se entrelazan tratando de sosegar las ansias de tu cuerpo; y me provocas los labios que mientras te hablan quisieran probar cada una de las letras que tus labios besan y beber cada risa que tú sonrisa irradia y besar cada uno de tus labios acallando todas mis dudas y exacerbando cualesquiera de mis deseos... y entonces quiero seguir hablándote, escuchándote, hasta llegar a la cima de tu provocación y de mi...

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