EL QUE AÑORA Ahí estaba sólo e insuficiente cómo cada vez que alguien le abandonaba. Pero hoy había algo diferente, la marca que ella había dejado parecía tan profunda cuál abismo en dónde no se ve o se escucha el fondo, únicamente se distingue lo negro de lo profundo y se escucha lo silente de la nada. Por las mañanas ya no se le veía a aquél individuo que presuroso digiriese a trabajar, o riendo al medio día regresaba a comer. Tampoco por la noche se observaba ninguna luz, algún sonido en lo que, más que su hogar parecía ya su guarida. Un día después de varias semanas de ínfimas señales de vida, comenzó una rutina matutina muy peculiar. Al filo de las 5 de la mañana, se le veía salir de su casa con destino al mercado. A su regreso se alcanzaban a ver algunas verduras y especias, así por 4 días, al llegar prendía un pequeño horno de leña y en una olla cocinaba algo que realmente disfrutaba. El acontecimiento fue tomando mayor rareza cuándo él, parecía, al cabo de alguno...
Eros y Tánatos son los dos grandes opuestos de la existencia y conviven constantemente. Ella no se enamora solo quiere que el ser descanse lentamente, el solo busca el placer de cualquier modo, aunque le signifique perecer. Por tanto el amor se complace matando, porque morir de amor es la muerte más “bella” y la muerte enamora a los locos que aman.